Hoy hemos ido al veterinario. Le tocaba la cuarta vacuna, la vacuna de la rabia, y la revisión del estado de su glándula lagrimal. Uma es una campeona. Mira que la vacuna de la rabia pica, pues ha estado más pendiente de la golosina que le daban que del dolor del pinchazo. Hasta la veterinaria se ha sorprendido de que no se quejara lo más mínimo.
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Salud Canina
Ya han pasado 4 días desde que Uma está con el tratamiento del colirio y, por ende, con el collar isabelino… No sé si lo pasamos peor nosotros de verla así, o ella teniendo que estar con esa campana las 24 horas del día. Tampoco sé cómo se lo monta para estar siempre con la cola moviéndose… ¡para mí quisiera ese buen humor a pesar de las circunstancias!
Y eso que el primer día lo pasó fatal… al no estar acostumbrada estaba muy de bajón. Prácticamente todo el día tumbada, y es que no tenía calculado el diámetro del collar y chocaba contra todo: marcos de las puertas, sillas, escalones… ¿No me digas que con esta carita no se te parte el corazón?

Menos mal que con el pasar de los días se ha ido acostumbrando y nosotros intentamos que se divierta como pueda porque con la campana no puede ni jugar con sus juguetes: le dejo más ratos en el jardín donde se lo pasa bomba, hacemos más salidas a la calle…

El ojo cereza o prolapso de la glándula del tercer párpado
Lo cierto es que, a día de hoy, no hemos visto ninguna mejoría en la glándula lagrimal de Uma. Su nombre médico real es prolapso de la glándula del tercer párpado. Sigue tan prominente, tan inflamada y tan roja como el primer día. Y eso que nos esforzamos en cumplir con el tratamiento del colirio… ¡3 gotas al día cada 8 horas! Hemos llegado a estar más de 30 minutos para ponerle una gota en el ojo sin usar la fuerza bruta…
Al final no tenemos otra que recurrir a ella… Uno la abraza fuerte para inmovilizarla, y la otra le abre el ojo como puede y atina con la gota… A veces es misión imposible. La mejor forma es cuando llega la noche y ella cae rendida… Entonces esperamos a que empiece a soñar, porque soñando empieza a hacer simulacros de ladrar, mover patas, abrir los ojos, … y es cuando aprovechamos para ponerle la gota sin que se entere. ¡Suerte que sueña con los ojos abiertos!

La semana que viene volveremos a la consulta veterinaria. En la anterior nos dijo que había una manera manipulando la glándula de meterla en su sitio, aunque no es seguro, pero claro si no se desinflama ni a la de tres, me la veo con la campana durante tres meses… ¡No quiero ni pensarlo!
Lo mejor será sentir más como ella y no como ser humano, porque viéndola ahora mismo intentando jugar con su cerdo de juguete tan contenta… piensas que para ella no existe ninguna preocupación ni barrera para no estar contenta.
Y con eso nos quedamos.
En la vida de Uma no todo pueden ser alegrías, aunque bueno, si no fuera porque tiene que llevar un collar isabelino y exponerse a ponerse gotas tres veces al día en los ojos, dolor no siente.
Sigue con tan buen humor como siempre y todo, por una urgencia veterinaria.
El problema de Uma surgió en la primera consulta en el veterinario, justo cuando le hicieron la revisión.
En aquellos momentos a la veterinaria le llamó la atención la cantidad de lágrimas que soltaba Uma por los ojos, sobre todo, por el izquierdo, así que hizo una prueba con un líquido fosforescente y comprobó que Uma tenía las glándulas lagrimales atrofiadas.
Ya en su día nos dijo: «no tiene por qué pasar nada, pero normalmente, los perros que tienen problemas con los lagrimales a la larga presentan problemas«.
Y el problema apareció ayer domingo, cuando la glándula lagrimal del ojo izquierdo estaba tan obstruida que se inflamó.
Primera urgencia veterinaria
¿La consecuencia? Es tan grande que queda expuesta y da un poco de yuyu, la verdad, pero principalmente el problema es que Uma está constantemente buscando el roce del ojo con algo, supuestamente, porque le debe picar.

El caso es que ayer ya llamamos a urgencia veterinaria ya que era domingo y estaba todo cerrado.
Nos dijo que compráramos suero fisiológico para refrescarle el ojo e intentáramos hacerle un collar isabelino para que no rozara con nada.
Recorrimos todas las farmacias de guardia de la isla y preguntamos a todos los conocidos con perro si tenían collar isabelino.
Como nos fue imposible encontrar, tuvimos que hacerlo nosotros con un póster, grapas y cinta americana.
El problema es que al menor golpe ya se rompía, pero bueno, era cuestión de esperar 24 horas, hasta poder comprar uno en condiciones.
El ojo cereza o prolapso de la glándula del lagrimal del tercer párpado
Esta mañana hemos ido de urgencia veterinaria al veterinario y tras la revisión nos ha dicho lo último que queríamos escuchar: que tenía el comúnmente llamado ojo cereza y que el único tratamiento era quirúrgico.
Y como es tan pequeña, tenemos que esperar por lo menos hasta los 6 meses…
Y lo peor, es que nos ha comentado que si pasa en un ojo, lo normal ¡es que también pase ¡en el otro!
Claro que siempre le ha llorado más un ojo que otro, así que a esperar a ver qué ocurre.
El tratamiento a muy corto plazo ha sido darle unas gotas de un colirio antiinflamatorio, tres veces al día, durante una semana.
Ponerle unas gotas en el ojo es casi misión imposible: como si le pusieras gotas de ácido, igual, y colocarle el collar isabelino que tanto odia y esperar a que la inflamación baje.
La glándula duda mucho que vuelva al sitio, así que a lo mejor tiene que estar con aquello fuera hasta la operación.
Eso significa que vamos a tener que tener (valga la redundancia) muchísimo cuidado con llevar a Uma a la playa, a los suelos con tierra o polvo, cuidado con el pólen…

¡Pobrecita!
Tan pequeña y ya con estas complicaciones…
Bueno, haremos todo lo que esté en nuestras manos para que todo este tiempo de tratamiento lo lleve lo mejor posible.
La primera visita al veterinario fue al día siguiente de tener a Uma en casa. Teníamos información suficiente como para saber que comía muy bien, las heces estaban duras… y con lombrices. Tras el tratamiento que nos dio, hubo una pequeña mejoría, pero ya nos advirtió la veterinaria que es un proceso lento. Veríamos cómo las lombrices salían muertas, pero eso no significaba que ya se había acabado el problema, sino que habría que esperar a que los huevos que hubieran puesto las lombrices eclosionaran para volver a darle el tratamiento y volver a empezar de nuevo.
