Uma visitó a sus padres

El domingo pasado aprovechamos para que Uma fuera a visitar a sus padres. Tras dos meses sin verlos teníamos ganas de ver cómo reaccionarían y la verdad es que pasaron unas horas divertidas e intensas, ¡porque lo que corrió Uma!

El primer contacto tras dos meses sin verse las caras fue algo desangelado. Nosotros pensábamos que se iban a poner muy contentos y la madre le gruñía y el padre la montaba para hacerle saber quién era el que mandaba ahí.

Con el pasar de los minutos, mientras la madre se escondía tras su dueña, el padre no paraba de corretear de un lado a otro: perro que veía a lo lejos, perro al que se acercaba… ¡y Uma detrás! No pasaron ni 15 minutos cuando estuvimos muy seguros de que Uma había salido clavadita al padre, tanto física como temperamentalmente, y si había alguna duda, mira qué dos gotas de agua.

Uma y Kiko

En la primera, Kiko, su padre, y en la segunda, Uma. Lo único que diferencia un poco a ambos es el color de los ojos y los labios, que mientras el padre los tiene negros, Uma los tiene de color carne. ¡Hasta la perilla blanca! ¿Serán igualitos cuando Uma sea mayor? El caso es que el padre de Kiko, era Shih Tzu (qué monada de raza) y la madre de Kiko, ¡es también la madre de Uma!

El caso es que Kiko era incansable. Estuvieron jugando a recoger las piedras que se lanzaban todo el rato que estuvimos ahí, ¡prácticamente dos horas! Y nos reíamos con Uma… porque nunca llegaba a alcanzar la piedra, siempre se le adelantaban Laika y Kiko, pero a ella le daba igual, se lo estaba pasando en grande.

Uma con los padres

Uma con los padres

Uma con los padres

Estamos esperando a que puedan operar a Uma para poder quedar con todas las hermanas. Los cachorros son mucho más brutos a la hora de jugar, y ya ha habido dos veces que hemos tenido que retomar el tratamiento del colirio (ahora solo le ponemos suero fisiológico) porque se ha hecho una herida en la glándula lagrimal…

¿Cuándo será? El viernes que viene que tenemos cita con el veterinario para su última vacuna, volverá a revisarle el ojo y nos podrá decir algo… Quitarle la campana es ahora una prioridad porque son 24 horas con ella para todo: para comer, beber, dormir, jugar… y no es fácil.

Aunque ella, como siempre, está contenta y feliz.

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