Los veterinarios cuidan de nuestros animales con profesionalidad, vocación y entrega. Pero ¿quién cuida de ellos? En los últimos años, ha salido a la luz una realidad preocupante: el suicidio en veterinarios se ha convertido en un problema serio de salud pública, también en España.
Por eso, me he visto en la obligación y necesidad de escribir este artículo y visibilizar una problemática silenciada, entender sus causas y concienciar sobre cómo podemos apoyar, desde nuestro rol como adoptantes de animales, a quienes cuidan de ellos con tanto esfuerzo y dedicación.
Y no solo al veterinario que trabaja en su pequeña clínica, sino absolutamente todos, desde el que trabaja en una clínica hasta el que lo hace en un hospital veterinario.
¿Sabías que los veterinarios tienen una de las tasas de suicidio más altas?
Aunque cueste creerlo, la profesión veterinaria está entre las más afectadas por el suicidio, incluso por encima de médicos y enfermeros. En España, diversos estudios han demostrado que los veterinarios tienen hasta 2,4 veces más probabilidades de morir por suicidio que el resto de la población, especialmente en el caso de las mujeres.
Y no hablamos de casos aislados. En comunidades como Cataluña, se han registrado varios suicidios de veterinarias en muy poco tiempo, lo que ha encendido las alarmas dentro del sector. Los colegios veterinarios han empezado a tomar cartas en el asunto, pero queda mucho camino por recorrer.
¿Por qué ocurre esto? Las causas detrás del suicidio en veterinarios
Si hay algo que a mí me interesaba conocer eran las causas… Porque desde fuera y desde nuestra ignorancia, se suele pensar que la profesión veterinaria es muy bonita, te encantan los animales y es una buena forma de enriquecerse de ese feedback.
E investigando por diferentes noticias y revistas de investigación me di cuenta de que el suicidio en veterinarios no se debe a una sola causa, sino a un cóctel de factores emocionales, laborales y sociales que se combinan de forma peligrosa:
- Carga emocional extrema: los veterinarios se enfrentan cada día a diagnósticos complicados, eutanasias y animales que no pueden salvar. La fatiga por compasión y el dolor acumulado les pasa factura.
- Presión de los adoptantes: muchos adoptantes exigen lo imposible, cuestionan diagnósticos, regatean precios y, en ocasiones, llegan a culpar al veterinario de los desenlaces tristes.
- Condiciones laborales difíciles: largas jornadas, sueldos bajos, guardias, falta de descanso… A menudo, el veterinario pone su bienestar personal en último lugar.
- Poca preparación emocional: en la carrera universitaria no se enseña a gestionar el duelo, el estrés o la relación con los clientes.
- Falta de reconocimiento social: aunque son sanitarios, los veterinarios no están incluidos en la sanidad pública y su trabajo suele infravalorarse.
- Acceso a medios letales: por la propia naturaleza de su trabajo, los veterinarios tienen acceso a fármacos que pueden ser letales, lo que aumenta el riesgo en situaciones de crisis.
¡Es desolador!
Testimonios que rompen el silencio
Veterinarios jóvenes y experimentados han comenzado a contar sus historias. Si te paseas por Tik Tok podrás ver numerosos testimonios de veterinarios que reconocen haber pensado en dejarlo todo por ansiedad o depresión.
Otros denuncian acoso de clientes, agotamiento extremo o la imposibilidad de conciliar su vida laboral y personal.
Una veterinaria lo resumía así: “Me encanta mi trabajo, pero no puedo imaginarme toda una vida así. Estoy agotada, y siento que la sociedad no lo ve”.
¿Qué se está haciendo para frenar esta tragedia?
En los últimos años, aunque insuficientes, afortunadamente han surgido iniciativas esperanzadoras:
- Servicios psicológicos para veterinarios, como el SAPP en Madrid, que ya ha atendido a cientos de profesionales.
- Programas de apoyo en universidades, como el de la UAB, que busca preparar emocionalmente a los futuros veterinarios.
- Formación en gestión del estrés y el duelo, liderada por asociaciones como AVEPA y proyectos como Happy Vet Project.
- Colaboración institucional para facilitar el acceso a atención psicológica especializada y confidencial.
Esto está muy bien pero, ¿sabías que está sobre todo en nuestras manos ayudar a quienes velan por la salud de nuestros peludos?
Cómo podemos ayudar los adoptantes de mascotas
Como clientes y amantes de los animales, también tenemos una parte de responsabilidad, diría que grande.
Por ejemplo, algunas formas de aportar tu granito de arena y además no cuesta nada es:
- Sé amable y respetuoso en la consulta. Tu veterinario también tiene malos días.
- Confía en su criterio. No le discutas todo lo que dice basándote en lo que viste en Internet (algo que suele hacerse mucho, nos fiamos más del Doctor Google).
- Valora su trabajo, también económicamente. No es un hobby, es su profesión.
- Sé comprensivo si hay que tomar decisiones difíciles, como una eutanasia.
- Evita difamar o atacar en redes sociales. Si hay un problema, habla directamente con la clínica.
- Agradece su esfuerzo. Un simple “gracias” puede marcar la diferencia.
Con este artículo solo pretendo abrir un poco los ojos y que empaticemos más con estos profesionales maravillosos que tan poco comprendidos están.
Conclusión: Cuidemos a quienes cuidan
El suicidio en veterinarios es una realidad que debemos mirar de frente. Hablar de ello es el primer paso para salvar vidas. Detrás de cada consulta, cada vacuna o cada operación hay una persona que carga con mucho más de lo que imaginamos.
Nuestros veterinarios y veterinarias merecen apoyo, reconocimiento y salud mental. Porque su bienestar también repercute en el de nuestros peludos. Así que la próxima vez que lleves a tu perro a consulta, no solo pienses en su salud. Piensa también en la de quien lo está cuidando.
¿Conoces a un veterinario que necesite ayuda? Quizás podrías animarle a contactar con los servicios de apoyo psicológico de su colegio oficial. Nadie debería sentirse solo en una profesión que entrega tanto a los demás, sobre todo, a los que no tienen voz.





































